lunes, 14 de diciembre de 2015

jardines de Murillo


 
 

En otros tiempos todos estos terrenos pertenecían al Alcázar, concretamente eran parte de su huerta, que se llamaba del Retiro. Antiguamente la Feria se celebraba en el Prado de San Sebastián. En 1862 no hay más remedio que acometer una ampliación de la Feria. Consecuentemente la realeza dona a la ciudad un poco de espacio para tal objetivo.
Posteriormente se demanda más terreno con el firme propósito de comunicar San Bernardo, que estaba tomando mayor relevancia ya que la nueva estación ferroviaria estaba emplazándose aquí, con el barrio de Santa Cruz. Tuvo que ser 50 años después, Alfonso XIII quien atendiera las demandas sevillanas y tras un primer proyecto de ajardinamiento que germinaba con el que se denominó “Paseo de los lutos”. La ciudad ya contaba con la extensión necesaria para llevar a cabo sus propósitos.

Los jardines, que por entonces recibía el nombre de la anterior huerta: jardines del Retiro. Carecieron de diseño hasta 1915, cuando se encarga tal cometido al prestigioso arquitecto Juan Talavera y Heredia, proyecto que sigue luciendo actualmente. Por esta autoría, en un principio se les conoce como los jardines de Talavera. También traza el Paseo de Catalina de Ribera, que le da nombre a su obra (jardines de Catalina de Ribera). Hasta que en 1918 se propone Murillo para denominar a estos jardines. Esta idea es promovida por, José Laguillo, director del diario El Liberal , la cual fructifica y tanto por la cercanía al lugar de su domicilio como por la Iglesia en la que se ofició el fallecimiento del pintor, aspectos que fueron determinantes.
Hay que tener en cuenta que por estas fechas estaba inmersa en los preparativos de la Exposición Iberoamericana, que si bien no se celebró hasta 1929, se fraguó con mucha anterioridad.

Fuente: sevilladailyphoto
En la estructura de estos jardines destaca una glorieta central, terminada en 1923, dedicada al pintor costumbrista Santiago Ramos. Así mismo en el lado norte del parque, es decir aproximándonos a la Puerta de la Carne, el paseo de Catalina de Ribera conecta con un acceso, pegado a las casa del barrio Santa Cruz, donde se deja ver una torre y algunos trozos de la vieja muralla de la ciudad, y se quedan al descubierto algunas canalizaciones que trasportaban el agua desde los Caños de Carmona hasta el Alcázar. En el 2005 todo esto se estructuró en una corta y tranquila calle que se dedicó al ilustre sevillano Antonio el bailarín.

 
Anteriormente se había denominado calle Jardines de Murillo. También es reseñable la pequeña casa del Guarda, que Talavera termina en 1916. Una casa con influencias regionalista, que se asemeja a otras levantadas por el mismo arquitecto.

No se debe olvidar la portada de la Huerta de la Alcoba, del real Alcázar, obra de José Gómez Millán, encargada por la Casa Real y finalizada en 1921.

Anexo a la muralla, que hace las veces de pared-soporte Juan Talavera diseñó una fuente manierista dedicada a Catalina de Ribera, en la que aprovechó elementos de la fuente renacentista de don Pedro en el Pumarejo, del siglo XVI.



Sin embargo no son los hallazgos arquitectónicos lo más importante, uno de los puntos de más interés de los Jardines es su variedad botánica, donde se pueden encontrar magníficos ejemplares de especies, tanto por su edad y como por su desarrollo. La vegetación extremada que se desborda sobre fuentes, bancos, glorietas y demás elementos del conjunto, infieren un estado de intimidad y recogimiento que es lo que intentaba preponderar el autor  en su diseño.


La plaza de Refinadores, presidida por una estatua de Don Juan Tenorio y rodeada de frondosas palmeras desde 1976, supone la frontera entre los Jardines de Murillo y el paso al barrio de Santa Cruz.
La verja colmada de trepadoras, que rodea al parque es una instalación reciente en el conjunto diseñado por Juan Talavera.
Mención especial merece la Candelaria, siendo uno de los destinos predilectos en la noche del martes santo. No obstante este recorrido es fruto de la casualidad. El tramo en que la Virgen discurre por la Alfalfa debería ser el más relevante, puesto que esta zona está íntimamente ligada a la génesis de la imagen de la Candelaria, pero el encuentro del Paso con estos Jardines una de las estampas más espectaculares de la Semana Santa en Sevilla. En 1924, cuando se estrenó el palio de Rodrí
guez Ojeda la hermandad no previno la mayor altura y tamaño que el anterior hasta que llegaron a la calle Almirante Hoyos y se encontraron con un balcón que les impedía seguir, optando por desmontar el balcón. El siguiente año el vecino no quiso eliminar su balcón, con lo que se tuvo que buscar un recorrido alternativo. Así es como desde 1925 los jardines de Murillo asisten a la Semana Santa todas las madrugadas del martes.


Para terminar nos centraremos en el elemento más significativo del parque. El monumento al eterno equivocado, se pensó que había ido a las indias y había descubierto el nuevo mundo. Sevilla estará siempre en deuda con el genovés, si la capital hispalense es lo que es se lo debe al almirante. Y aunque cuatro monumentos nos recuerdan su importancia en la capital, sorprende el hecho de que hasta 1921 no se le erigiera uno en el casco de la ciudad. Por aquel entonces Sevilla ya le había dedicado una estatua como cartujano que fue, en el interior del Convento de la Cartuja, y un mausoleo con sus restos dentro de la Catedral, aún faltaban ochenta años para que se levantara en San Jerónimo, el huevo de Colón. Al fin, se eligieron los Jardines de Murillo, justo en el centro geométrico de estos, por donde nunca ha pasado ni pasará la hermandad de La Candelaria, para ubicarlo.
En un principio se pensó en colocar una estatua del descubridor sobre una de la columnas romanas de la calle Mármoles, como se había hecho con Hércules o Julio Cesar en la Alameda. Parece ser que la idea de las columnas prosperó, pero en lugar de una se pusieron dos,  no romanas sino modernas, simbolizando las columnas de Hércules y sobre ellas en lugar de Colón se puso un león con una garra sobre la bola del mundo simbolizando el imperio español.

El León se presta a interpretaciones e historias, así antiguamente para recoger a los niños que jugaban por los jardines, se les anunciaba que era la hora de que el león bajara y le dieran de comer. Una broma repetida hasta la saciedad supone la contestación que se le ofrece a los turistas cuando preguntan por la figura del almirante en el monumento: “el león se lo ha comido”.

IMÁGENES
 


 

 

 





 


 


 




 
 
 

 




 



 










 
 
 

 
FUENTES

sevillapedia
Wikipedia
sevillasigloveinte.
sevillanísimo
 historia de los jardnes de Murillo
Sevilla Insólita (Francisco Morales Padrón)

 

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