martes, 8 de diciembre de 2015

Gran Matadero de Sevilla


En la entrada al matadero unos azulejos rezan así...
“Aquí estuvo la fragua donde se templó el torero sevillano durante 200 años. En estos patios de este matadero aprendió a torearte de la torería sevillana: Costillares, Curro Guillén, Cuchares, Pepe Luis Vázquez, Manolo Vázquez Diego Puerta…”
La Afición de Sevilla.


A principios del siglo pasado, y antes incluso, los gobernantes tenían claro que las grandes urbes debían prepararse para lo que parecía inevitable, y posteriormente superaría cualquier expectativa. La apertura de avenidas la ordenación de los edificios en manzanas que dieran cabida a una creciente población de las ciudades se hacía indispensable. Barcelona se encomendó desde 1841 a Ildefonso Cerdá, Madrid fue más perezosa y lo pagó caro pero también sucumbió a los proyectos de Secundino Zuazo. Sevilla no permaneció al margen de esta tendencia. A primeros del siglo
XX, esta ciudad tuvo la suerte de contar con un arquitecto que como dice el anuncio de la lotería, no tenía sueños baratos. Imaginaba Sevilla a lo grande, en su cabeza preveía el progreso de la capital andaluza con décadas de antelación. Diseñó con esmero la ordenación radial del antiguo Cortijo Maestrescuela, que comprendía cerca de tres millones de metros cuadrados, distribuidos en algo menos de 90 manzanas, que daban cabida a seis millares de viviendas.
Tras intentonas fallidas de realizar un matadero en la Cruz del Campo y en 1906 de hacerlo en el Prado de Santa Justa, fue determinante finalmente la cesión gratuita de los terrenos por El Marqués e Nervión como consecuencia de la urbanización que se iba a llevar a cabo en el Cortijo de Maestrescuela. De esta forma en 1910 se da vía libre a la construcción del Gran Matadero de Sevilla. Esta obra supone la demolición del antiguo matadero de cerdos situado en la calle Arrebolera, cerca del Prado de Santa Justa, y del de reses en la Puerta de la Carne, a través del cual se producía el acceso al barrio de San Bernardo y al nuevo de Nervión. Sin embargo el final definitivo de éstos no se produce hasta 1915, ya que los trabajos para finalizar el matadero se demoran. De esta forma en los años 20 se crea el mercado de abastos en esta superficie de La Puerta de la Carne. Aunque es 1916 cuando inaugura el Gran Matadero, su funcionamiento se retrasa uno años ya que con la 1ª Guerra Mundial no se puede importar la maquinaria necesaria. La Construcción de todo este conjunto se adjudicó José Sáez López, arquitecto logroñés que recaba en la ciudad para acometer los trabajos de reforma de la Catedral y posteriormente es contratado como arquitecto municipal. Su proyecto ya estaba vigente en los intentos fallidos de La Cruz del Campo y del Prado de Santa Justa, y finalmente la donación de estos 3500 metros cuadrados por parte del Marqués de Tarifa posibilita el firme comienzo del trabajo. La obra es considerada de origen neomudéjar, si bien la utilización del ladrillo vista con azulejos y teja plana, entre otros elementos, la enmarcan dentro de la arquitectura regionalista que empieza a dominar la arquitectura sevillana de aquella época, sin embargo por encima de los estilos lo que prevalece en la construcción es la alternancia de edificios con espacios abiertos, incorporando vegetación y jardines al conjunto. Se trata de establecer un inmueble diáfano sin agobios estructurales, el concepto de “ciudad abierta” está presente en este espacio. También se debe dejar constancia que entre el plan de ordenación de Aníbal González y el proyecto del Matadero hubo una total adecuación, conservándose en la parte central del conjunto, frente a la avenida Ramón y Cajal, una disposición radial  y ortogonal en las naves que ocupan el fondo de la parcela. Actualmente la zona está infestada de bloques y está más que absorbida por el crecimiento de la urbe, sin embargo a principios del siglo XX, esto formaba parte de la periferia y se enclavaba dentro de las afueras de la ciudad, por eso la singularidad que ofrece esta construcción histórica con el paisaje de su alrededor, huérfano de edificios coetáneos. Es uno de las obras arquitectónicas más significativas de la primera mitad del siglo XX en Sevilla. Como curiosidad cabe reseñar que el presupuesto estipulado ascendía a 1.642.863,24 pesetas, pero el gasto total superó los 2 millones y medio de pesetas. Los planos del edificio, junto a la memoria del proyecto se pueden ver en el Archivo Municipal de Sevilla.
Su localización entre la Ronda del Tamarguillo y la avenida Ramón y Cajal, posibilitó que durante las inundaciones del Tamarguillo muchas personas se cobijaran entre sus muros. 
El gran Matadero Municipal de Sevilla estaba formado por dos partes: El matadero que da a la avenida Ramón y Cajal y el Mercado de reses que da a la parte posterior. En este espacio cada tipo de ganado tenía un edificio propio preparado para dar muerte al animal. El matadero, de unos 200 metros cuadrados construidos, incluía también las oficinas y viviendas del administrador de la casa-matadero y la portería, situadas estas edificaciones en el centro de la parcela. El mercado, a su vez, estaba dividido en tres partes: las laterales para ganado vacuno y cerdos y la central para ganado lanar y cabrío. Estos tres pabellones con varias dependencias, además  los diversos espacios cubiertos con pilas, pesebres, abrevaderos y corrales donde se apilaban a las reses que venían del sacrificio, están presididos por el pabellón de contrato que completa el conjunto arquitectónico.
Su calidad constructiva ha preservado esta construcción del paso del tiempo y de las adaptaciones sufridas en los años ochenta.
A lo largo del siglo XX el edificio sufrió varias transformaciones para su conservación y adaptación. La más importante fue realizada entre 1980 y 1983, tras su cierre como matadero, en la que el edificio se readaptó para ser usado como colegio. Esta adaptación fue realizada por el arquitecto Don Manuel Laffarga Osteret. La dificultad del proyecto se encuentra en el hecho de que la obra tiene un nivel de protección alto, con lo que era necesario conservar su esencia. 
Desde 1983 y hasta junio de 1984 el Antiguo Matadero fue conocido como Colegio Público Matadero. A partir de esa fecha se llamó Colegio Público Diego Ortiz de Zúñiga en recuerdo a ese historiador de la ciudad de Sevilla.
A nadie se le escapa la idea que donde ahora hay niños, en otro tiempo deambulaban cerdos. Sin embargo hay que aceptar que la mejor forma de conservar estos edificios históricos es reutilizarlos
En la actualidad se encuentran el Colegio Ortiz de Zúñiga, el Conservatorio Profesional de música Francisco Guerrero y Centro de Adultos San Juan de la Cruz.
Para finalizar esta entrada, lo haremos de la misma forma que hemos comenzado. Para ello simplemente transcribiré un artículo de prensa que publicó el ABC el14-01-1969: El día que se escapó un novillo del matadero en Sevilla. 
“«Del matadero escapó ayer este novillo, peor de apariencia que de intenciones. Correteando por media ciudad, luego de originar los sustos consiguientes, fue atrapado en la calle Adriano, gracias a la intervención de varios transeúntes y, en especial, del novillero El Almendro». Se trataba de Fernando Rodríguez El Almendro, de Camas, que después tomó la alternativa. Medido con las modernas técnicas de localización por satélite, el novillo debió de recorrer en total aproximadamente 3.500 metros desde los corrales del matadero en la avenida Ramón y Cajal -hoy colegio público Ortiz de Zúñiga- hasta la calle Adriano. El matadero, proyectado por José Sáez y López, entró en servicio al término de la Gran Guerra en 1921 y estuvo en servicio hasta el año 1978 en que se inauguró la sala de despiece de Mercasevilla. No era la primera vez que se escapaba un astado por Sevilla. Más notoriedad y repercusión social tuvo en 1945 el suceso conocido como el toro del Gran Britz, del que Abel Infanzón dio cumplida cuenta en las páginas de ABC en su recordada sección de Casco Antiguo. En aquel caso, se trataba de un toro de lidia de encaste santacoloma del hierro de Felipe Bartolomé que iba a embarcarse para una corrida en Valencia en la estación de trenes de Plaza de Armas y salió desmandado sobre las diez de la noche después de que una maniobra dejara abierta la puerta del cajón. En su alocada carrera, el morlaco volteó o infirió heridas por asta a cinco transeúntes, heridos de diversa consideración. Además, embistió al coche de caballos de un ganadero que sufrió graves desperfectos y mató a un equino al que corneó a la altura de San Telmo antes de terminar su huida en la plaza de América donde le dio muerte a tiros la Policía Armada. Sucedió el 29 de septiembre de 1945.”

IMAGENES















FUENTES CONSULTADAS

Arquitectura y urbanismo en Sevilla durante el siglo XIX.
Excma. Diputación Provincial de Sevilla. SUÁREZ GARMENDIA, José Manuel. 


http://www.igreens.es/index.php/green-lab/green-lab/31-publicaciones/109-las-ciudades-en-el-siglo-xx



La Leyenda del Ladrón, de Juan Gómez Jurado




2 comentarios:

  1. Hola aquí estoy de Argelia y quiero
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